África
  • Mapa de la localización de los grupos yihadistas en África por Jeune Afrique
  • Ataque terrorista en Ouagadougou (Burkina Faso)

Burkina Faso: nuevo ataque de Al Qaeda en África

Los terroristas que han atentado en la capital de Burkina Faso conocían la fragilidad securitaria del país. El cambio hacia la democratización ha producido relevos en la policía y el ejército del viejo régimen del presidente depuesto Compaoré, que mantenía ciertas relaciones con las guerrillas y manejaba la mediación con ellos como recurso para perpetuarse en el poder.

Era de esperar que los yihadíes del Sahel añadieran Burkina a sus blancos. La infiltración procede de las bolsas de extremistas de Mopti, Meneka y Sévaré, en Mali, a poco más de 400 kilómetros de Ouagadougou, lugar del ataque.

 

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  • Situación de la Guerra Civil Somalí
  • Atentado a oficinas del gobierno en Somalia por parte de Al-Shabab

Kenia y Somalia: reaparece Al Shabab

Kenia es “zona de guerra” había advertido el nuevo líder de Al Shabab en junio de 2014. Desde mediados de 2013 hasta la masacre criminal en la universidad de Garissa, esta organización yihadí de Somalia ha provocado en el país vecino alrededor de 400 muertos en diversos lugares: el centro comercial Westgate Hall, aeropuertos, complejos turísticos… Antes fueron blancos Kampala (Uganda) en 2010 y 2013; Yibuti, 2009, y de otros grupos extremistas la embajada de EEUU en Kenia y Tanzania (1988), con 213 muertos. El asalto del 2 de abril no es solo la reacción a la intervención de estos países, sobre todo Kenia, en la guerra civil de Somalia. También representa una ampliación de los objetivos de Al Shabab, resultado de su yihad ofensivo y violento, con ambiciones regionales. Que los muertos hayan sido cristianos, en días de Pasión, demuestra que el tafkir (anatema, apostasía) contra los kuffar o infieles globaliza ese yihad.

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  • Mapa sobre el conflicto en Niigeria
  • Atentado en Chibok ©Xinhua

El Estado Islámico y Boko Haram en Nigeria

Las fuerzas de la mayoría de organizaciones yihadíes, desde el Sahel a Pakistán, han recuperado su vitalidad insurreccional con la emergencia, real y mediática, del Estado Islámico en Oriente Próximo. No cabe duda que la intensa actividad de los seguidores de Al Bagdadi; su capacidad de mantener a raya a las fuerzas kurdas e iraquíes, a pesar de los bombardeos de Estados Unidos; sus finanzas saneadas y sus llamamientos religiosos, primarios e intransigentes en alusión a la supremacía de Alá, estimulan a todos los grupos extremistas y violentos que se reclaman intérpretes verdaderos del Islam.

El grupo Hezb i-Islami de Afganistán y el AQMI del Magreb apoyan y se han sumado al ilusorio califato de Al Bagdadi. Con Al Qaeda en horas bajas, porque muchos de sus dirigentes han sido eliminados y otros continúan cercados en el norte de Pakistán, el Estado Islámico se propone como banderín de enganche para los radicales: una tierra; un lema religioso rotundo e intolerante; un yihad entendido como lucha violenta y, sobre todo, más presencia y fortaleza para encabezar el liderazgo islámico.

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  • Atentado en Borno
  • Mujeres durante una protest en Abuja. (Afolabi Sotunde / ©Reuters)
  • Protestas en Lagos (Nigeria)
  • Protestas contra el presidente Goodluck Jonathan por la subida del precio del petróleo

¿A dónde va Nigeria?

El país más poblado de África equivale, entre otros escenarios, a la violencia de los atentados y secuestros infames realizados por los yihadíes de Boko Haram y otros grupos similares; aunque también a la represión brutal del Ejército. Asimismo, al Estado federal sometido a disputas regionales, que no logra superar el conflicto de las minorías y las mayorías étnicas, ni la corrupción del poder político de gobernadores y militares. Es Nigeria, enriquecida por los hidrocarburos, el comercio transfronterizo y las innovaciones tecnológicas, pero con desigualdades económicas entre el norte, empobrecido, y el sur, productor de petróleo y 100 millones de personas que sobreviven con menos de dos dólares al día. El país nombrado como democrazy (democracia loca) por su agitación social; el más relevante del Golfo de Guinea, en el que una parte de la sociedad exige penalizar la homosexualidad con más de 10 años de cárcel, y otra encabeza la modernización cultural en literatura y cine.

 

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  • Cartel del presidente Abdelaziz Bouteflika al que se acercan dos cabras
  • Carteles paródicos sobre las elecciones presidenciales 2014 en Argelia. Como candidatos: Batman, Barbapapa, Spiderman...

Argelia electoral

Abdelaziz Buteflika va a renovar su mandato presidencial por cuarta vez. En su decisión pesa más controlar un régimen presidencialista todopoderoso que su salud, muy debilitada y que le ha mantenido varios meses incapacitado. Entretanto, su corte de partidos y asociaciones afines y el estamento militar – el “gran mudo” o el pilar fáctico real – han gobernado mediante la permanente red clientelar que se aprovecha de los beneficios que concede el poder.

 

Elecciones bajo control

 

Buteflika cuenta con el beneplácito de las potencias occidentales y las instituciones financieras internacionales, ya que el orden que el Estado argelino dice garantizar conviene a sus negocios. España es uno de los países que depende del suministro del gas argelino, en concreto de Medgaz, en la región de Beni Saif. El oleoducto se hunde en el mar 2.000 metros y recorre 210 kilómetros bajo el agua hasta la costa de Almería. Esta importación de gas representa ya el 53% del abastecimiento, por un valor de casi 6.000 millones de euros en 2013, un 14% más que el año anterior. La factura energética española alcanza los 62.000 millones de euros (un 93% más que en 2009) y es una de las principales razones del déficit de nuestra balanza comercial.  Por tanto, la estabilidad de Argelia resulta estratégica e imprescindible. Ahora bien, ¿a cambio sostener a una administración que ejerce el monopolio de la política; frena las libertades, vigiladas por el Ejército; y acarrea más desigualdades sociales? Mi respuesta es no, porque la falta de democracia y de reparto justo de la riqueza genera más tensiones y consolida la inseguridad.

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