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Arabia Saudí en la encrucijada

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se ha trasladado a Riad para negociar con el rey Abdalá. En estas fechas, Arabia Saudí tiene varios desafíos esenciales. En política interior, la continuidad del poder establecido y los cambios sociales. El retroceso como potencia que aspira a la hegemonía regional y el deterioro de sus relaciones con Estados Unidos determinan sus problemas externos.

 

Jeques, clanes y disputas

 

La monarquía actual es el resultado de la alianza, desde el siglo XVIII, entre la belicosa tribu Saud, en el centro de la Península Arábiga, y el wahabismo, movimiento ultraconservador del islam suní, por su estricta versión de la unicidad divina (tauhid) y su activismo violento para extender una interpretación (ichtihad) dogmática de la religión.

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  • Protestas en el Monumento a la Democracia. Noviembre de 2013

Tailandia al borde del golpe

Merece la pena conocer los graves acontecimientos que suceden en Tailandia, aunque solo sea porque han viajado allí en 2013 cerca de 120.000 turistas españoles (un 9,4% más que el año anterior) y nuestra balanza comercial arroja un saldo deficitario de 493 millones dólares. Pero, además,  porque domina el centro del Sudeste Asiático; dispone de importantes negocios financieros; posee materias primas imprescindibles como el caucho, la madera y los arrozales y ambiciona ser el eje de un sistema ferroviario que una Bangkok con China, Laos, Camboya y Malaisia.

Ahora puede consumarse un golpe legal contra la administración de la señora Yingluck Shinawatra y el partido Pheu Thai (Partido para los Tailandeses) si los tribunales anulan las recientes elecciones legislativas. En agosto de 2011 fueron los vencedores y cuentan con 265 de los 500 escaños del Parlamento. La oposición, encabezada por el Partido Demócrata, exige la dimisión del Gobierno y se ha movilizado en las calles, con la consigna “Cerrar Bangkok”, desde noviembre del año pasado, para conseguir el poder que nunca ha logrado en unos comicios desde hace 20 años. El líder que aspira a la jefatura del Gobierno es Suthep Thaugsuban, millonario de la industria del aceite y de las gambas. Le apoyan la familia real y su corte y  las elites económicas. Es un primer paso para liquidar el sistema parlamentario y disolver la formación política del clan Shinawatra.

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  • Noria apostada en el lago. De fondo los picos nevados. Kabul. cc IsafMedia
  • Mercado en el barrio viejo de Kabul cc IsafMedia
  • Niños jugando en el medio de un gran cementerio en Kabul ‪ ‬cc IsafMedia
  • Abdul Rasul Sayyaf. REUTERS/Ahmad Masood

Yihad en Afganistán

Los talibanes todavía existen. Acaban de asesinar a 21 personas en una zona de la capital de Afganistán, Kabul, dotada de grandes medidas de seguridad. Ganan terreno cada día que pasa. Siempre han estado instalados en las zonas rurales. Sus partidarios, encuadrados en guerrillas, disputan el territorio a las tropas afganas e internacionales; rodean los cuarteles y actúan a sus anchas sobre todo en el sur y en algunos lugares del centro y del noroeste. Es imposible distinguir a un talibán en las ciudades, excepto cuando en comandos pequeños y suicidas, de forma insistente, atacan objetivos muy precisos. En ninguno de estos escenarios se encuentran aislados, porque forman parte de la población y salen de ella.

A pesar de diversas negociaciones que se han producido para acabar con el conflicto bélico, sin ningún éxito por ahora, los talibanes continúan su yihad agresivo y violento – en su opinión, obligación individual y comunitaria – en una guerra contra los ocupantes de un país islámico y sus aliados gubernamentales.

Al mismo tiempo, su ambición es recuperar el poder, después de que, en el otoño de 2001, fueran derrocados por otros grupos étnicos (tayikos, uzbekos…); diferentes clanes de su propia etnia pashtu y otras tendencias religiosas de la mayoría tradicional suní y, desde luego, de su enemigo histórico, los chiíes.

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  • Malala Yousafzaï recoge el premio Sajarof de Derechos Humanos. cc European Parliament
  • El valle de Swat en Pakistán. cc IsafMedia

Malala y Pakistán

Bloguera, activista desde los 10 años a favor de la educación de las niñas, Malala Yousafzai recibió hace unos días el Premio Sajarov y fue propuesta al Nobel de la Paz. También merecía esta distinción, lograda por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, debido probablemente a razones políticas.

El índice de alfabetización entre las mujeres de Pakistán es del 3% en el mundo rural y de un 15% en los centros urbanos. Precisamente, los talibanes atentaron gravemente contra esta adolescente para impedir que las mujeres salgan de la marginación y de la explotación mediante la enseñanza. Malala ha comentado: “Los extremistas tienen miedo de los libros y los bolígrafos. El poder de la educación les asusta”.

El atentado contra Malala indignó a muchos paquistaníes, que manifestaron su apoyo a la muchacha y denunciaron a los autores, pero además al gobierno por su ambigüedad en la lucha contra los extremistas religiosos y en permitir tantas humillaciones como padecen allí las mujeres.

Fue un crimen contrario al islam, afirmaron 50 ulemas del Sunni Ittehad Council (Consejo para la unidad suní) en una fatwa conjunta. Un dirigente del  Muttahida Qaumi Movement recomendó a sus partidarios no acudir a las oraciones de los imames que no condenaran el intento de asesinato.

En Swat, valle del Jaiber Pastunjuá, antes Provincia de la Frontera del Noroeste de Pakistán, los grupos radicales tienen la maldita costumbre de reducir las escuelas a cenizas. La guerra regional, las inundaciones y otras catástrofes han contribuido al hundimiento del sistema escolar en toda la región. Las chicas abandonan la escuela poco después del quinto año, sin finalizar el bachiller. Muchas famlias evitan que sus niñas acudan al centro escolar por la inseguridad de los ataques, sean talibanes o “drones” estadounidenses. El conservadurismo étnico y religioso dominantes reprueba en muchos casos la educación de las mujeres.

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  • John Kerry con Sergey Lavrov ©REUTERS/Mahmoud Hassano

La guerra en Siria

Las maniobras diplomáticas pueden impedir los ataques de EE.UU. y sus aliados contra objetivos del régimen de Damasco. Es positivo evitar más víctimas y destrucción, aunque las incógnitas y ambiciones sean numerosas.

La iniciativa rusa de que instituciones internacionales controlen el abundante arsenal químico en posesión de la dictadura de Bachir El Asad devuelve a la administración de Putin el estatuto de gran potencia mundial. Con la supervivencia del actual poder sirio, Rusia garantiza los negocios de armamento (600 millones de dólares sólo en 2011); su base mediterránea en Tartus y la capacidad de influencia en Oriente Medio, en abierta disputa histórica con Estados Unidos.

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  • "Visita Palestina". Cartel turístico promocional. cc Boston Public Library (1930-1939 aprox.)
  • Un mural simbólico realizado por los grafiteros Erica Il Cane (Italia) y Sam 3 (España), en un edificio en Belén (Cisjordania). cc Jonas Hansel
  • La secretaria de Estado Hillary Clinton, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (izquierda) y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas (R) EE.UU. llegan a reiniciar las negociaciones entre Israel y Palestina en Washington. ©Jewel Samad/AFP
  • Un cartel representa el presidente de EE.UU., Barack Obama, en la ciudad cisjordana de Belén, 16 de marzo de 2013. El texto dice: "No tenemos 3G en Palestina '. ©AFP
  • Cartel alusorio al propagandítico "Yes we can" de Obama, con la imagen de una mujer palestina que dice "Esperanza"

Palestina: bloqueo a la paz

Han pasado casi dos años desde que el presidente Obama señaló que Palestina tendría un Estado independiente. A lo largo del tiempo se han sucedido decenas de reuniones y ninguna realidad de paz. Ahora, el secretario de Estado John Kerry propone un nuevo encuentro. En Palestina desconfían de que las palabras del padrino estadounidense causen un efecto negociador auténtico en el gobierno israelí. La elección de Martin Indyk como mediador no es precisamente una señal de que EE.UU. vaya a presionar a Israel para que flexibilice su intransigencia. Indyk fundó el Institute for Near East Policy, una de las instituciones que  más defienden a Israel en Washington. Pero, en este momento, a EE.UU. le puede convenir algún tipo de pacto para evitar que más jóvenes se sumen al yihadismo con la causa palestina como banderín de enganche y, en consecuencia, se incremente la tensión regional.

 

La afinidad  de EE.UU. e Israel es un principio sustancial para ambos países. Apoyar y mantener la hegemonía de Israel implica la permanencia de la supervisión que realiza Estados Unidos sobre la región desde finales de la 2ª Guerra Mundial.

 

Encrucijada de tres continentes y de rutas comerciales, todos los presidentes de EE.UU. han exigido disponer de un acceso más fácil y barato a los recursos petrolíferos y de un importante mercado civil y militar, sin grandes competidores. Una de las claves para conseguir este objetivo, ha sido consolidar el denominado “consenso estratégico”: una alianza que englobe a un Israel poderoso y a regímenes árabes más débiles, fragmentados y dependientes. En la actualidad, esta circunstancia significa que las aspiraciones de cambio social y político de las poblaciones de estos países – sean partidarias de estados laicos o con influencia religiosa –  queden sujetas a dirigentes políticos y militares que no planteen dificultades a la política exterior norteamericana en esta zona del mundo.

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  • Representación del Imam Alí
  • Mural de Jomeini en Teherán. cc Kamyar Adl
  • El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei (izquierda) da una carta de apoyo a la recién elegido presidente Hassan Rohani, durante una ceremonia para su confirmación como presidente de Irán en Teherán el 03 de agosto, con el ex presidente Mahmoud Ahmadinejad a la izquierda y Hashemi Rafsanjani a la derecha.

Irán, islam y democracia

Diferentes partidos islámicos han llegado al gobierno hace unos años en Turquía, luego en Túnez y Egipto. Sin embargo, en la disputa entre las diversas tendencias islamistas, pueden imponerse las tesis más intolerantes. Dos ejemplos evidentes son la represión de los movimientos de protesta en Estambul y la apropiación del proceso constitucional en el país del Nilo por la presidencia de Morsi. Un caso singular de esta tensión se ha manifestado en las recientes elecciones en Irán, con la derrota de los candidatos más afines al ultraconservador Guía Supremo, Jamenei.

 

El islam es más que una religión. También es un camino ético de vida en comunidad – la umma, signo de identidad, solidaridad y resguardo – en la que los creyentes aceptan voluntariamente la presencia de Dios.

 

Mohamed Arkoun señala que se trata de una interacción de espiritualidad (din), mundo (dunya) y política (daula), muchas veces en tensión porque su interpretación puede derivar en el autoritarismo, la sumisión y la obediencia o en la libertad, el pluralismo y la participación democrática. Dios es único, pero se puede referir a Alá con 99 nombres, señal de la diversidad islámica. El Corán es divino, pero su interpretación es humana y está determinada socialmente.

El debate e incluso la confrontación son un hecho entre el islamismo humanista y los islamistas que pretenden gobernar con la imposición de su verdad única y sin permitir la discusión. La tradición islámica considera a las personas y sociedades capaces de escoger por sí mismos el mejor gobierno posible. Además, posee mecanismos suficientes para consolidar el ejercicio de la democracia. La chura (consulta mutua) se basa en aleyas del sagrado Corán: “…los creyentes tienen por norma consultarse entre sí” (42,38) y “consulta con ellos en todos los asuntos de interés público” (3,159). El término califato permite designar que todo ser humano es un califa de Dios en la tierra, destinado a cuidar del mundo y responsable sobre los asuntos que le afectan a sí mismo y a la comunidad. Los conceptos de ichmá o consenso y de ichtihad, como esfuerzo intelectual para situar en su contexto las normas del islam, son principios de un diálogo imprescindible que sume islam y democracia.

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  • Malala Yousafzai cc volp91w Michael Volpicelli
  • Un colegio electoral durante las elecciones en Pakistán. ©AP B.K. Bangash

Pakistán electoral y sus desafíos

El segundo país con más musulmanes del mundo, 176 millones de creyentes, es un estado deshecho. La violencia del extremismo religioso; los ajustes de cuentas entre los partidos políticos y las mafias locales campan a sus anchas de Peshawar e Islamabad a Karachi y de Lahore a Quetta. En 2011 han muerto 6.211 personas en atentados. Caen bajo los disparos o las bombas jueces, políticos, mujeres, chiíes y reformistas islámicos, pero sobre todo gente corriente en las calles.

Los talibanes paquistaníes del Terek-e Taliban (TTP) son la amenaza más poderosa, en sintonía con los afganos del mulá Omar y las redes de Haqqani, en ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán. Los grupos pashtunes del TTP, liderados por Hakimullah Mehsud y el mulá Fazlullah, se han impuesto a los más moderados en las Zonas Tribales y en la Provincia Fronteriza del Noroeste y mandan en esas regiones. Sus acciones violentas quedan impunes, juzgadas por tribunales inspirados en las costumbres tribales o en el conservadurismo religioso. Los radicales se han instalado en Karachi, capital financiera y puerto del Índico, transformada en un estercolero por el terrorismo, la delincuencia y la pobreza. Los meshud talibanes llegaron a los arrabales y luego al barrio residencial de Sultanabad. Las ideas y movimientos más intransigentes avanzan porque instumentalizan las desigualdades sociales y la religión. También se aprovechan de la incapacidad del gobierno central, dirigido hasta ahora por el Partido Popular, ligado a los Bhutto, y del silencio interesado de la Liga Musulmana de Nawaz Sharif, que no desea perder parte de su base social, predominante en el Punjab.

 

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  • Retrato de Kim Jong Un
  • Cartel representativo del Songun de Corea del Norte
  • Un ciudadano chino quema un panfleto de Corea del Norte. ©AFP/GETTY IMAGES/ JUNG YEON-JE
  • Una reunión nacional en el Palacio de Deportes de Pyongyang el 24 de agosto se celebra el 50 aniversario del inicio de la dirección revolucionaria del Songun del Dirigente Kim Jong Il. Fotografía publicada por la Agencia de Noticias Central de Corea del Norte.

Escalada peligrosa en Corea

Cada día  Corea del Norte incrementa la tensión regional: declaración del “estado de guerra”; misiles que apuntan a objetivos surcoreanos y estadounidenses; y aviso a las embajadas extranjeras de que no se garantiza su seguridad, entre otras medidas. Asimismo, ha decretado el cierre del acceso de los obreros surcoreanos a la zona industrial conjunta de Kaesong,  en la que 50.000 norcoreanos trabajan al lado de otros 1.000 procedentes de Sur. Allí 123 empresas surcoreanas se aprovechan de una mano de obra barata y menores costes de transporte. El bloqueo obstaculiza las relaciones económicas entre los dos países, pero la exigua economía del Norte no puede permitirse tales riesgos, sin obtener ventajas mayores.

Estas advertencias son una provocación progresiva, intensa y global. Seguramente, Corea del Norte no piensa iniciar un ataque masivo, porque significaría su derrota y la eliminación de su régimen, dado que en fuerzas militares y su potencia de fuego la relación es desfavorable para la dictadura de Pyongyang. Sin embargo, es difícil que esta retórica no acarree algún tipo de acción bélica limitada. Un paso atrás, sin haber conseguido nada a cambio, equivaldría a una considerable pérdida de credibilidad de unos dirigentes caracterizados por sus bravatas, pero también muy calculadores. Ya en 2010, Corea del Norte hundió una corbeta en Cheonan, con un saldo de 46 muertos, y cuatro personas más murieron en el bombardeo de la isla de Yeonpyeong.

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  • Kabul, Afganistán. cc IsafMedia
  • Un afgano muestra una copia del Santo Corán que supuestamente fue quemada por soldados estadounidenses durante una protesta en Bagram
  • Dieciséis ex insurgentes se unieron al Programa de Paz y Reintegración de Afganistán en la provincia de Ghor. La ceremonia se llevó a cabo la reintegración en el complejo del gobernador provincial. cc IsafMedia

Afganistán: muertos y retirada

Habíamos olvidado que en Afganistán existe una guerra. A la vez que el nuevo secretario de Defensa de EE.UU., Chuck Hagel,  llegaba a KabuI, los talibán han demostrado que pueden continuar con sus ataques móviles en carreteras y campos y con atentados, alejados unos de otros. Esta vez 18 muertos, entre ellos ocho niños, en Kabul y Khost, a 150 kilómetros. Advierten al presidente Karzai y a los mandos estadounidenses que es imprescindible contar con ellos: o toman el poder directamente o se negocia con sus jefes.

La alianza de las milicias del clan radical de Haqqani, los talibanes y los escasos grupos operativos de Al Qaeda renuevan su ofensiva violenta con ataques simultáneos en Kabul y otras ciudades. Han avanzado sus posiciones del sur al centro y el norte del país. Lugares de los que nunca se habían marchado, porque siempre han formado parte de la base social y de la vida cotidiana del paisaje pastún, etnia mayoritaria del país. Los talibanes habían roto las negociaciones que mantenían con Estados Unidos, gracias a los buenos oficios de Arabia Saudí y de Catar, las dos potencias árabes que ya se superponen en la hegemonía del mundo musulmán. No necesitan el diálogo y tienen nuevas bazas para consolidar su dominio.

La quema de coranes, la masacre cometida por un sargento desequilibrado y otros actos de arrogancia y desprecio protagonizados por soldados estadounidenses han enfurecido a la mayoría de la población, profundamente religiosa.

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