Escalada peligrosa en Corea
Retrato de Kim Jong Un

Cada día  Corea del Norte incrementa la tensión regional: declaración del “estado de guerra”; misiles que apuntan a objetivos surcoreanos y estadounidenses; y aviso a las embajadas extranjeras de que no se garantiza su seguridad, entre otras medidas. Asimismo, ha decretado el cierre del acceso de los obreros surcoreanos a la zona industrial conjunta de Kaesong,  en la que 50.000 norcoreanos trabajan al lado de otros 1.000 procedentes de Sur. Allí 123 empresas surcoreanas se aprovechan de una mano de obra barata y menores costes de transporte. El bloqueo obstaculiza las relaciones económicas entre los dos países, pero la exigua economía del Norte no puede permitirse tales riesgos, sin obtener ventajas mayores.

Estas advertencias son una provocación progresiva, intensa y global. Seguramente, Corea del Norte no piensa iniciar un ataque masivo, porque significaría su derrota y la eliminación de su régimen, dado que en fuerzas militares y su potencia de fuego la relación es desfavorable para la dictadura de Pyongyang. Sin embargo, es difícil que esta retórica no acarree algún tipo de acción bélica limitada. Un paso atrás, sin haber conseguido nada a cambio, equivaldría a una considerable pérdida de credibilidad de unos dirigentes caracterizados por sus bravatas, pero también muy calculadores. Ya en 2010, Corea del Norte hundió una corbeta en Cheonan, con un saldo de 46 muertos, y cuatro personas más murieron en el bombardeo de la isla de Yeonpyeong.

Nunca se firmó un tratado de paz, después de la guerra de Corea (1950-1953), sino un armisticio, que fijó la frontera en el paralelo 38º. Desde cada uno de los lados se han observado con enemistad dos regímenes totalitarios. Uno de ellos permanece en Corea del Norte. En el Sur  la autocracia se instaló hasta que en 1987 las movilizaciones de obreros y estudiantes impulsaron en Seúl un sistema de democracia representativa y multipartidista.

 

De la doctrina a los motivos

 

Cartel representativo del Songun de Corea del Norte: "El ejército primero"El fundador de Corea del Norte en 1948, Kim Il-sung, formuló el pensamiento “Juche” como el cemento armado que ha edificado el régimen. Su hijo Kim Jong-il desarrolla esta ideología, que ahora sostiene su heredero Kim Jong-un, en el poder desde enero de 2012. El “Juche” señala que cada persona es responsable del avance de todo el país. Nutren este concepto la soberanía nacional; el nacionalismo patriótico ante las injerencias extranjeras; el esfuerzo individual en provecho de la comunidad y el respeto a las tradiciones culturales coreanas. Sin embargo, esa autonomía personal desaparece en un sistema totalitario, coercitivo y piramidal, manipulador de los principios del “Juche” en favor de una dictadura comunista dinástica, que exacerba el culto a la personalidad del líder; asegura el poder de su familia y del partido y persigue  a la oposición. Los militares son la pieza que consolida todo el sistema, gracias a un principio más del “Juche”, el “Songun” cuyo significado es “el ejército, primero”.

La aplicación de esta doctrina se concreta en la posesión de un arsenal nuclear, que otorga un poder de disuasión preventiva – y ofensiva, si fuera necesario – ante posibles intimidaciones. Corea del Norte ha pasado recientemente de las palabras a los hechos con diferentes demostraciones de fuerza: el lanzamiento de un cohete con un alcance de 10.000 kilómetros en enero de 2012; una tercera prueba nuclear el 12 de febrero y ahora las amenazas bélicas. El régimen norcoreano considera que las constantes maniobras militares de EE.UU. y Corea del Sur y la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que ordena la inspección sistemática de todos los transportes con destino al Norte y la supervisión de todas sus operaciones financieras, cuestionan su existencia como Estado y atentan contra su soberanía. La crisis actual es consecuencia de esta dinámica, con la intención, además, de reforzar la cohesión interna del régimen y demostrar fortaleza ante su población. Pero igualmente pretende ser un ejemplo de “diplomacia coercitiva”, según los dirigentes norcoreanos, con el propósito de conseguir en una negociación futura con EE.UU. y Corea del Sur el reconocimiento efectivo del sistema que rige Corea del Norte, cuando en julio se van a cumplir 60 años del final de la guerra de Corea.

 

Desafío para Corea del Sur

 

Pyongyang ha escogido para incrementar la tirantez un momento de debilidad del gobierno surcoreano. La líder del partido conservador Saenuri, Park Geun-hye, acaba de llegar a la jefatura del Estado en febrero de 2013, después de su triunfo en las elecciones presidenciales, pero la oposición liberal obstaculiza la remodelación gubernamental. La capacidad de reacción de Seúl es menor, ya que el titular de la cartera de Defensa es provisional y la cadena de la seguridad nacional no tiene todavía atribuciones suficientes para actuar con rapidez. La nueva presidenta debe decidir la estrategia política a seguir respecto a las relaciones con Corea del Norte: mantener la estabilidad en la península y ofrecer un espacio de negociación – a pesar del desafío de los mandos norcoreanos – o humillar a Pyongyang mediante un embargo total; presiones internacionales más fuertes e incluso comenzar el proceso de fabricación de armas nucleares.

Son las tesis habituales de los conservadores. En definitiva, la absorción de Corea del Norte mediante la fuerza de la supremacía económica. Es una posición contraria a la política de la época del liberal Kim Dae-jung, que inició un camino de reconciliación equitativo en 1997, una decena de años después del final de la dictadura en Corea del Sur. Esta “Política de la luz” le valió el premio Nobel de la Paz en 2000 y el reconocimiento de los norcoreanos, hasta el punto que su viuda fue una de las escasas personas invitadas a los funerales de Kim Jong-il en diciembre de 2011.

 

Posiciones y dificultades regionales

 

Después del acceso al poder de Kim Jong-un, el mes de enero del año pasado, Japón, Estados Unidos y China desean que permanezca el orden actual: dos estados que poco a poco intensifiquen sus relaciones mutuas. Sin embargo, los avisos norcoreanos pueden empeorar la situación. Tokio teme que los militares del Norte consigan colocar ingenios nucleares miniaturizados en sus misiles balísticos Nodong de medio alcance. Esta posibilidad concede más bazas a los que reclaman en el archipiélago la modificación de la Constitución en materia de defensa, que ahora mismo proclama su renuncia a la guerra, como consecuencia de la derrota del imperialismo japonés en la 2ª Guerra Mundial. El rearme nipón causaría más inseguridad en la zona.

Una reunión nacional en el Palacio de Deportes de Pyongyang el 24 de agosto se celebra el 50 aniversario del inicio de la dirección revolucionaria del Songun del Dirigente Kim Jong Il. Fotografía publicada por la Agencia de Noticias Central de Corea del Norte.

En cualquier caso, Estados Unidos conserva su influencia política, apoyada por una hegemonía militar impresionante. El presidente Obama ha garantizado a sus aliados de Seúl y Tokio el ejercicio de una “disuasión ampliada” gracias a la continuidad del “paraguas nuclear”; es decir una respuesta armada táctica si Corea del Norte llevara a cabo un ataque, y el despliegue de la plataforma naval SBX-1 y aviones B-2 invisibles y F 22 Raptor, todos ellos con armamento nuclear. Sus intereses geopolíticos también se manifiestan claramente. El incremento regulado de la tensión justifica las bases en Corea del Sur, con 28.000 soldados; una presencia que representa una ventaja estratégica en una zona económicamente esencial.

No obstante, China posee la clave del futuro regional. La camarilla de  Jong-un censura la subordinación que tiene Seúl de Estados Unidos; pero la supervivencia de Pyongyang depende en gran medida de Pekín. La gran potencia asiática recibe el 83% del comercio exterior norcoreano, cuya balanza comercial con China es deficitaria en 1.095 millones de dólares.

La política exterior del régimen chino ha sido siempre evitar la intervención estadounidense, surcoreana y japonesa en el devenir político de Corea del Norte y aplazar al máximo un proceso de reunificación, porque implicaría tener fuerzas militares de EE.UU. en su frontera norte. China todavía no está dispuesta a modificar esta estrategia. Continúa un silencio significativo, aunque la agencia Zhongguo Pinglun She, de Hong Kong, y luego el diario oficial Huanqiu han difundido un artículo que califica de “chantaje” los amagos guerreros de Corea del Norte; de rudimentario su sistema económico y añade que su régimen político controla a la población. Asimismo, subraya que China ha pagado un coste excesivo por sus relaciones privilegiadas con los dirigentes norcoreanos. Sin embargo, Pekín no quiere perder un aliado preferente y, al final, esta opinión ha sido censurada.

Un ciudadano chino quema un panfleto de Corea del Norte. ©AFP/GETTY IMAGES/ JUNG YEON-JE

En Estados Unidos, Corea del Sur y Japón se alzan voces que pretenden forzar a que Pekín rompa incluso sus relaciones diplomáticas y comerciales con Corea del Norte. Estas exigencias son contraproducentes. Los políticos chinos están muy orgullosos de su autonomía política, que defienden a toda costa. Queda por ver si la reciente renovación en la cúpula dirigente de Pekín podría aumentar las tímidas críticas que se expresan respecto a la política norcoreana. De hecho, la diplomacia china ha votado a favor de la última advertencia del Consejo de Seguridad a las autoridades de Pyongyang y se opone a la nuclearización de Corea del Norte, porque rompería los equilibrios regionales. Tampoco desea un conflicto bélico que originaría una avalancha de refugiados, imposible de contener y de auxiliar.

El peligro disminuirá, aunque volverá en otro momento, según los intereses de cada contendiente. Pero los riesgos son excesivos. Mejor sería que todos los actores se plantearan crear un espacio pacífico de confianza, libre de  toda política militarista y nuclear. Al régimen de Corea del Norte le toca dar el primer paso. Y es que se pueden modificar las normas y prácticas internacionales en asuntos de armamento: la ONU aprobó hace pocos días una resolución para obstaculizar la venta de armas a países que violen los derechos humanos. Como dice el científico S. Hecker: “No más bombas. Ni más desarrolladas. No a su exportación.”

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Javier Aisa
Co-fundador de Espacio REDO. Periodista especializado en actualidad y conflictos internacionales y docente en asociaciones, Centros Culturales y aulas de extensión cultural en las Universidades de Navarra, País Vasco, Burgos y Valladolid. Áreas de análisis preferentes: el mundo araboislámico y África subsahariana.
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