Mujeres afganas: víctimas y defensoras
Chicas afganas esperan a los útiles escolares que se reparten por la Policía Nacional Oct. orden civil afgano 7 a Amir Dost Muhammad Khanmore. (Foto por GA VOLB)

La participación en las elecciones de Afganistán, celebradas el 5 de abril, ha sido superior a lo esperado. Es un dato que revela el deseo de la población de superar la guerra y lograr la estabilidad. Todavía es más importante que muchas mujeres hayan acudido a las urnas – a pesar de un sinfín de obstáculos – como una forma de señalar a todo el país y al mundo que reclaman mostrar su presencia activa y sus reivindicaciones. Es un ejemplo alentador de que los hombres no deben decidir por las mujeres. Subrayan así que sin ellas Afganistán no tiene futuro. Pero la realidad es muy diferente. Los códigos tribales señalan que la mujer (zan) es propiedad del hombre y representa una pieza de valor y hasta de intercambio, como el oro y la tierra.

Afganistán es el país del mundo más peligroso para las mujeres según indicadores de salud; violencia sexual; factores culturales o religiosos; recursos económicos e inseguridad. Aunque un tercio de las personas escolarizadas (cinco millones) son niñas, el analfabetismo de las mujeres llega a un 87%. En el mundo rural los matrimonios son asuntos de familia: un 60% se realizan por la fuerza y el 57% se producen antes de los 16 años. La costumbre dictamina que entregar una hija (baad) a la familia del posible enemigo sirve para resolver los conflictos, a cambio de una compensación económica. Igualmente, se practica el badal o intercambio de una mujer por un hombre para el matrimonio. Las viudas pertenecen a la familia del marido. Ocho de cada 10 mujeres afganas padecen la violencia en sus casas. Sus autores quedan sin castigo porque la violencia sexual en el matrimonio no se considera delito. Los problemas psicológicos son habituales: casi el 30% de las mujeres entre 15 a 35 años mencionan que sufren depresiones. Han aumentado los suicidios entre las esposas jóvenes.

 

Las intimidaciones están a la orden del día cuando ellas quieren tomar la palabra o ejercer de policías, periodistas, presentadoras de televisión, parlamentarias… Algunas han sido asesinadas.

 

Los trapicheos del régimen de Karzai con jefes tribales y religiosos significan un retroceso todavía mayor en los derechos de las mujeres. La Ley del Estatuto Personal Chií (2009, revisada después por la presión de los aliados) permite que la población de esta tendencia religiosa tenga normas propias en materia de derecho familiar. Legaliza el tamkeen, la obligación de satisfacer los deseos sexuales de los maridos.

A pesar de todo, muchas mujeres afganas reivindican y defienden sus derechos. Son visibles y valientes en el asociacionismo, la política, el campo, el arte, la comunicación. La activista Fatana Ishaq Gailani subraya que sus derechos disminuirán si se aceptan reformas constitucionales más conservadoras a cambio de la paz con los extremistas. Critica que en el Alto Consejo para la Paz se sientan 68 personas, entre ellas antiguos talibanes y señores de la guerra, pero solo nueve mujeres. Como recoge en “El suicidio y el canto” el poeta Sayd Bahodin Majruh, las mujeres campesinas recitan y cantan landays (breves), voces de lamento y a la vez  deseo de amor y de liberación de los hombres. También se integran en proyectos de producción  y consumo para mejorar la alimentación de sus familias y superar la marginación.

El artículo 22 de la Constitución de 2004 reconoce la igualdad entre hombres y mujeres. Se creó el Ministerio de Asuntos de la Mujer. Una cuota del 30% permite que haya 68 mujeres diputadas, desde las elecciones de septiembre de 2010, si bien sólo se presentaron 400 candidatas, un 16% del total. Los avances institucionales son ciertos, pero se quedan en retórica por dejadez política, falta de convencimiento y presión religiosa y tribal. Por eso, cerca de medio millar de activistas de los derechos humanos; jóvenes estudiantes y parlamentarias recorrieron las calles de Kabul el 15 de abril de 2009 para reivindicar sus derechos.

 

Mujeres de las diferentes etnias exigen planes educativos para eliminar la violencia contra las mujeres en las tradiciones tribales y en los comportamientos familiares y sociales.

 

Piden justicia y reparación para las víctimas de los sucesivos conflictos bélicos y que los criminales de guerra no gocen de impunidad. El Bagh-e Zenana (Jardín de las mujeres, creado a comienzos del siglo XX por el rey Habibullah únicamente para sus esposas) permanece abierto para que las mujeres puedan pasear, hablar, comer, jugar… solas o en compañía de sus amigas.

Realizadoras, actrices y artistas, en el exilio o en el interior, muestran una mirada crítica y constructiva sobre su país. Yagana dinamiza Qanoon Guzari, un proyecto teatral para aliviar traumas psicológicos. Representan pequeñas obras sobre el  matrimonio forzoso, la violencia doméstica, el paro y el  divorcio. 

 

Mujeres periodistas en Afganistán

 

Humaira Habib, directora de la emisora Radio Shar, cuenta que en Afganistán trabajan 300 mujeres periodistas, una cifra mínima, pero representativa de la voluntad de libertad de expresión. También ha costado vidas: Zakia Zaki, directora de la la radio “La voz de la paz”, en junio de 2007. No obstante, el impulso de las mujeres periodistas es imparable: se han creado una decena de emisoras de radio, sobre todo en el centro del país, en Bamiyan y Herat.  Dear Zari es Zarghuna Kargar. Entre 2005 y 2010 presentó y produjo el programa del servicio mundial de la BBC Afghan Woman’s Hour (La Hora de la Mujer Afgana). Refugio de muchas mujeres y mediante historias de vida se trataron temas como la venta o el intercambio de niñas esposas; la violación; el honor; la virginidad; la violencia y las presiones contra muchas mujeres para tener un hijo varón. Fawzia Fakhri, fundadora del Centro de Mujeres Periodistas de Herat, nos recuerda que es imprescindible darles voz en las conferencias internacionales para contar la verdad sobre Afganistán.

 

 

Imagen: isafmedia en Flickr

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Javier Aisa
Co-fundador de Espacio REDO. Periodista especializado en actualidad y conflictos internacionales y docente en asociaciones, Centros Culturales y aulas de extensión cultural en las Universidades de Navarra, País Vasco, Burgos y Valladolid. Áreas de análisis preferentes: el mundo araboislámico y África subsahariana.
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