Palestina: un acuerdo imprescindible
Acuerdos entre Israel y Palestina

El conflicto entre Palestina e Israel se encuentra en un túnel oscuro y sin final. Sin embargo, la alianza anunciada recientemente de Fatah – grupo mayoritario en la OLP- y Hamás puede ofrecer de una vez un frente unido, que solucione sus disputas y fortalezca una alternativa política ante Israel, al que siempre favorecen las hostilidades entre los palestinos. Los fracasos de los pactos anteriores en El Cairo (2011) y Doha (2012) predisponen al escepticismo sobre la intención de un gobierno unitario y la celebración de elecciones libres en el plazo de un año. La división entre la Autoridad Nacional y el Movimiento de Resistencia Islámico nunca ha convenido al objetivo de que la población palestina consiga sus derechos nacionales en un Estado. Por lo tanto, este pacto resulta inexcusable para establecer una administración eficaz en los territorios palestinos, que mejore las condiciones de vida la población, y asimismo contrarrestar la hegemonía de Israel y su intransigencia.

 

Fracasa el diálogo

 

Las autoridades palestinas han comprobado el atasco de los encuentros con representantes del gobierno dirigido por Benjamin Netanyahu, promovidos desde hace nueve meses por John Kerry, secretario de Estado estadounidense. El paso siguiente en su estrategia ha sido retomar la iniciativa. Antes, Palestina fue aceptada en la UNESCO y como estado observador en la ONU. Ahora, preparaban suscribir 15 tratados y convenios internacionales.

En estas fechas debía concluir la ronda de conversaciones. Una negociación sin apenas contenido, porque sólo se hablaba de establecer un acuerdo marco, poco más de una agenda temática. Tampoco se han abordado los problemas históricos, desde que el ejército israelí ocupara Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este en 1967.

 

Son cuestiones esenciales para lograr una paz justa: entre ellas, las fronteras definitivas de ambos países; el destino de la población refugiada; el futuro de la colonización de Cisjordania y el Estatuto de Jerusalén.

 

El primer ministro Netanyahu ha suspendido la presencia israelí en las reuniones con el argumento de que la Autoridad Nacional ha optado por Hamás en vez de mantener las relaciones con Israel.

 

Kerry y Netanyahu

 

No debería extrañar tanto que la ANP busque el acercamiento con los islamistas. El balance de los contactos con el gobierno de Tel Aviv es desolador. La implantación de las colonias no se detiene. En 2013 el número de viviendas en los asentamientos de Cisjordania ha aumentado un 123%, mientras que en Israel solo ha sido del 4%. Con la anexión de al menos un centenar de hectáreas se prepara la ampliación del asentamiento de Gush Etzion, lo que significa el relanzamiento de la colonización en el sur de Jerusalén y, de esta manera, se consolidaría la separación completa de la Ciudad Santa del resto de Cisjordania. Una decisión que pretende impedir la capitalidad de Palestina en Jerusalén Este. Por otro lado, el gobierno de Netayanhu continúa sin entregar a la ANP los 80 millones de dólares al mes correspondientes a los impuestos que recauda por las importaciones en los territorios palestinos. La congelación de estos fondos puede acarrear el colapso económico de la Autoridad Nacional, ya que representan dos tercios de su presupuesto total. A estas duras medidas se debe añadir la negativa a liberar a un cuarto grupo de prisioneros palestinos, según quedó pactado al comienzo del diálogo impulsado por Estados Unidos.

El endurecimiento de la poltica isaraelí ha sido evidente, incluso durante el proceso negociador.

Un informe de Amnesty International revela que en 2013 han muerto en Cisjordania 22 civiles palestinos, 14 de ellos en manifestaciones y cuatro eran niños. En cifras de la ONU, un número mayor que las víctimas sumadas en 2011 y 2012. Un dato más: desde enero de 2011, más de 8.500 personas – 1.500 niños – han sido heridas gravemente por disparos y gases lacrimógenos.

 

 

Debilidades y ventajas

 

La reconciliación entre las formaciones palestinas responde también a necesidades e intereses internos. El presidente Mahmud Abbas y su administración no han logrado avances significativos en el reconocimiento por Israel de la soberanía palestina. Además, su mandato legal en la presidencia – obtenido con el 63% de los votos en 2005 y el boicot de los islamistas – debería haber concluido hace cinco años. La entidad administrativa palestina sólo alcanza a una fragmentada parte de Cisjordania, el 33% (zonas A y B), pero con un 82% (zonas B y C) controlado por el ejército israelí. Hamás ganó las elecciones legislativas en enero de 2006 con un 45% de los votos y 75 escaños, frente a 43 escaños de Fatah; pero solo rige la franja de Gaza – sometida a bloqueo por Israel- con una reislamización de la sociedad y de las costumbres cada vez más conservadora. El aislamiento del gobierno de Haniyah es patente, después del derrocamiento de Morsi y perseguidos los Hermanos Musulmanes – compañeros de Hermandad – en Egipto, cuya Junta Militar ha blindado la frontera entre Gaza y el Sinaí. Igualmente, se ha desvanecido la alianza con el régimen sirio, porque los islamistas luchan contra El Asad, e Irán ha reanudado las relaciones con la Autoridad Nacional. Sumemos otro motivo: Hamás recurre también al acuerdo para evitar que la Yihad islámica le gane terreno, ya que su popularidad crece poco a poco.

Las disensiones entre Fatah y Hamás han ido más allá de los diferentes clanes políticos y religiosos, que ejercen el poder cada uno por su lado y en solitario.

 

Celebración de los acuerdos entre Fatah y Hamas

Fatah, es decir la Autoridad Nacional Palestina, procede del nacionalismo árabe clásico, alejado de ideas religiosas y proclive a mantener a toda costa un aparato funcionarial propio, identificado con su administración exclusiva de los Territorios Ocupados. La organización islamista es cofradía religiosa, milicia y vanguardia política. Su lucha contra Israel es un deber religioso y aspira a edificar un Estado islámico en las tierras entre el Mediterráneo y el Jordán, lo que significa no admitir la existencia del Estado de Israel. No obstante, su pragmatismo puede superar la retórica de los principios con tal de participar como actor principal en un hipotético desarrollo de una paz justa. El protagonismo de Hamás es inapelable en la medida que representa a cerca de la mitad de la población palestina, según los votos recogidos en los comicios parlamentarios.

 

Un futuro peligroso

 

Quedan muchas cosas por resolver para que el acuerdo sea efectivo y las concesiones tendrán que ser mutuas: reorganización del Consejo Nacional, con la entrada de Hamás en la OLP; diplomacia conjunta; elaboración de una Constitución y de un sistema legal único en Cisjordania y Gaza y que Hamás acepte las fronteras de 1967, e implícitamente a Israel, y frene las acciones violentas.

No obstante, a pesar de las declaraciones contemporizadoras del presidente Abbas, el tiempo de la diplomacia parece extinguirse. Ante la inutilidad de las numerosas negociaciones, un gobierno conjunto podría realizar una propuesta política más profunda: solicitar su incorporación como Estado miembro de pleno derecho en las Naciones Unidas. El previsible veto de Estados Unidos y el rechazo completo de Israel, que consideraría esta reivindicación como una provocación casi bélica, encaminarían a los dirigentes palestinos a lanzar la tercera Intifada. Para acometer este arriesgado envite sería obligado cumplir algunos requisitos. Dos son más factibles: la coalición entre todos los grupos palestinos, ya iniciada, y el apoyo social de la población, indudable. Una tercera es más difícil: disponer de una relación de fuerzas favorable respecto a Israel, aunque solo sea en términos políticos regionales y mundiales. Pero, el gobierno de Netanyahu no se andará con precauciones. La respuesta podría ser rotunda, con una intervención más expeditiva de la fuerza militar y un confinamiento todavía mayor de la población palestina, como reclaman los ministros más extremistas. Entonces, la solución a un posible enfrentamiento violento tan desigual deberá corresponder a las instituciones de la comunidad internacional.

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Javier Aisa
Co-fundador de Espacio REDO. Periodista especializado en actualidad y conflictos internacionales y docente en asociaciones, Centros Culturales y aulas de extensión cultural en las Universidades de Navarra, País Vasco, Burgos y Valladolid. Áreas de análisis preferentes: el mundo araboislámico y África subsahariana.
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