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  • Valle de las tumbas en Palmira (Siria)

El golpe del Estado Islámico

El Daesh (al-Dawla al-Islamiya) extiende sus operaciones simultáneamente en dos frentes: Siria (Palmira) e Irak (Ramadi), después de su derrota en Tikrit y a pesar de la tenacidad de las fuerzas que luchan contra ellos. Sean kurdos; el ejército iraquí; el gobierno sirio; las milicias chiíes iraquíes y de los libaneses de Hezbolá; los aviones de la coalición árabe y de EEUU y las fuerzas especiales Al Quds, de la Guardia Revolucionaria iraní. Todos divididos, sin mando único y ambiciones opuestas.

 

Palmira es el reflejo de la diversidad de civilizaciones en la historia de aquella geografía. Todo lo contrario que la idea unitarista del extremismo violento del islam suní.

 

Las matanzas en las calles son el dramático ejemplo de una agresividad obsesionada con rechazar otras formas de pensar, rezar y vivir. Terror para que las poblaciones abandonen sus tierras. Demostración de supremacía y purificación por la sangre para que el resto de musulmanes y, a la vez, otras culturas, se conviertan al salafismo yihadí.

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  • Viñeta homenaje a Charlie Hebdo

Contra el yihadismo

Un grupo yihadí ha atacado Francia y nuestra condena y rabia son justas, contundentes y, esta vez, amplísimas porque el blanco es Europa. Confiemos que la repulsa se extienda además cuando los objetivos sean musulmanes, las  víctimas más numerosas en multitud de atentados: Nigeria, la escuela de Pakistán, el hotel de Bombay, Siria, Irak… No deberían existir distinciones frente a la barbarie.

 

Contra el yihadismo porque su intención es doble: reconvertir por la sangre a todos los creyentes en Alá que no piensen como ellos y rehúsen aplicar su interpretación doctrinal reaccionaria al pie de la letra. El propósito siguiente es convencernos de que la convivencia entre la cultura del Islam y la del resto del mundo, especialmente Occidente, es imposible.

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  • Mapa del ISIS

Guerra, jóvenes y el Estado Islámico

La organización yihadí encabezada por emires extremistas, entre ellos Al Bagdadi, ha logrado cumplir varios de sus objetivos en solo dos meses. El primero es hacer prosélitos. La detención de varias personas en Melilla, acusadas de formar una célula destinada a enviar activistas a Siria e Irak, es una situación que se repite. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, lugar de entrada a Europa, son un espacio ideal para la implantación e infiltración del radicalismo violento, a pesar de que la población musulmana es tradicionalista y pacífica, casi al 100%. Allí son mayoría. Por tanto, se encuentran y se sienten en dar al-islam, no sólo la tierra islámica, sino las relaciones que se mantienen a través de la religión.

 

Jóvenes extremistas

 

¿Por qué centenares de jóvenes europeos musulmanes abrazan una interpretación tan intransigente y violenta del islam? El entorno  de marginación y desempleo y las equivocaciones en las políticas de integración no bastan para explicar esta nueva militancia. Tampoco el recuerdo sangriento del colonialismo en los países de sus padres y abuelos; la criminalización del islam en su conjunto y las proclamas de imames intolerantes y excluyentes, que son los menos. Existen otras razones sociales y hasta psicológicas. Muchos de ellos son jóvenes islámicos de quinta generación, herederos de muyahidines que lucharon en Chechenia, Bosnia, Afganistán, Irak… Su retórica puede ser religiosa, pero ignoran la historia rica y diversa del Islam y apenas son practicantes. Frente a una juventud musulmana europea que busca y practica el diálogo, los jóvenes extremistas forman parte de esa juventud que no encuentra asiento, sino rechazo en nuestras sociedades, en las que la multiculturalidad no se expresa ni practica suficientemente, ni se les ofrecen las mismas oportunidades de trabajo ni de ascenso social.

 

El individualismo y la intransigencia juvenil buscan refugio y redención en una dimensión comunitaria, que se cierra en sí misma en demasiadas ocasiones. Con su dogmatismo, el islam más radical les dota de respuestas claras, aunque primarias, a las incertidumbres de su vida diaria y del futuro.

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  • Mapa sobre el conflicto en Niigeria
  • Atentado en Chibok ©Xinhua

El Estado Islámico y Boko Haram en Nigeria

Las fuerzas de la mayoría de organizaciones yihadíes, desde el Sahel a Pakistán, han recuperado su vitalidad insurreccional con la emergencia, real y mediática, del Estado Islámico en Oriente Próximo. No cabe duda que la intensa actividad de los seguidores de Al Bagdadi; su capacidad de mantener a raya a las fuerzas kurdas e iraquíes, a pesar de los bombardeos de Estados Unidos; sus finanzas saneadas y sus llamamientos religiosos, primarios e intransigentes en alusión a la supremacía de Alá, estimulan a todos los grupos extremistas y violentos que se reclaman intérpretes verdaderos del Islam.

El grupo Hezb i-Islami de Afganistán y el AQMI del Magreb apoyan y se han sumado al ilusorio califato de Al Bagdadi. Con Al Qaeda en horas bajas, porque muchos de sus dirigentes han sido eliminados y otros continúan cercados en el norte de Pakistán, el Estado Islámico se propone como banderín de enganche para los radicales: una tierra; un lema religioso rotundo e intolerante; un yihad entendido como lucha violenta y, sobre todo, más presencia y fortaleza para encabezar el liderazgo islámico.

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  • ISIS en Irak
  • Abu Bakr al-Bagdadi

Irak: yihadíes y califato

La proclamación del califato realizada por el Estado Islámico (EI), grupo yihadí liderado por Abu Bakr al-Bagdadi (el de Bagdad), el 29 de junio, y su cruel agresividad en Siria e Irak, sitúan en la actualidad estos dos destacados conceptos del islam. Es necesario subrayar que la interpretación radical que los extremistas violentos hacen de ellos nada tiene que ver con su sentido verdadero.

 

Diferentes concepciones de la yihad

 

La yihad es un deber moral, espiritual y práctico para que cada persona creyente en el islam lleve a cabo en la vida cotidiana un esfuerzo de mejora interior. Es la yihad mayor, una conversión religiosa íntima y constante. La yihad menor es la obligación de luchar con las armas para defenderse de  sus enemigos externos e internos y extender el islam. En las fuentes clásicas esta yihad debe cumplir algunas condiciones: entre otras, haber agotado los medios pacíficos y no atacar a personas indefensas, mujeres y menores de edad.

La mayoría de los yihadíes actuales rechazan estas normas y aplican su propia versión. La yihad se convierte estrictamente en una acción bélica ofensiva, elevada a sexto principio del islam. Por tanto, de cumplimiento imprescindible personal y comunitariamente. Desde Al Qaeda y las organizaciones adheridas, hasta Boko Haram, el sinfín de  grupúsculos violentos y las bandas del denominado Estado Islámico, marginan la predicación y dan prioridad a la violencia extrema  contra quienes no piensan como ellos, sean musulmanes tradicionalistas, islamistas y de otras tendencias del islam como los chiíes; de diferentes religiones o simplemente laicos.

 

Las disensiones internas, el autoritarismo, la corrupción y las injerencias extranjeras, además del abatimiento y decadencia que dominan el mundo islámico favorecen la extensión de estos extremistas.

 

Cada uno con sus características particulares, debido a circunstancias locales y regionales, desprecian los problemas sociales; manipulan la lectura de los textos sagrados; el derecho y la jurisprudencia islámicos; crean espacios islamizados excluyentes y establecen sus códigos de qué es lícito e ilícito, según un entendimiento literalista y dogmático de los hadices (palabras y comportamientos del Profeta).

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