Cuando la música acabe
Canción para antes de una guerra - Resistencias sonoras frente a la violencia

Introducción

 

When the music’s over. Turn out the lights.

La música como caja de resonancia de protestas, revoluciones y luchas. Música que visibiliza injusticias y desigualdades. La música como suma de identidades. Melodías, ritmos y sonidos que apelan a un futuro optimista. La música que resiste frente la barbarie. La música que la silencia.

El pasado viernes la música cesó en París.

 

13 de noviembre, Paris, Francia: 129 muertos, 352 heridos.

 

Ya suenan los himnos, canciones de guerra de los hombres cantados a veces por mujeres:

Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons! Qu’un sang impur
Abreuve nos sillons!

¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!

 

Se cree que Napoleón dijo en una ocasión «Esta música nos ahorrará muchos cañones».

Estrofa 1

 

21 de noviembre de 2015, Bamako, Malí: el asalto a un hotel acaba con la muerte de 27 rehenes.

 

Cuando los yihadíes violentos estuvieron a punto de apoderarse de Malí en abril de 2012 todos los músicos se exiliaron. Pero no han callado.“They have to kill us first”. “Antes deberán matarnos”. Songhoy Blues, Disco & Jimmy, Moussa Sidi y Kharia Arbi continúan cantando para no morir. Porque sus guitarras son más potentes que los Kalashnikovs.

De forma paralela, tres festivales de música – el Taragalte Festival  (M’hamid, Marruecos), el Festival au Désert (Tombuctú, Malí) y el Festival sur le Níger (Ségou, Malí) – crearon un futuro común en forma de caravana musical: la Cultural Caravan for Peace. Con ella han viajado durante todo este año por África y Europa para promover la diversidad cultural, la paz, la tolerancia y la cohesión social entre los pueblos de la región del Sahel y el Sáhara.

En 1994, el guitarrista maliense Ali Farka Touré y el norteamericano Ry Cooder publicaron el álbum Talking Timbuktu, en una perfecta comunión musical más allá de las fronteras. Soukara, (‘Noche’ en bambara) susurra este poema a dos guitarras:

My love, it is night now. Wait for me my love. I love you. And I love the night. I like it when it is peaceful at night. Wait for me my love, it is night now. Just wait for me my darling.

Mi amor, ya es de noche. Espérame, mi amor. Te amo, y amo la noche. Me gusta cuando está todo en paz por la noche. Espérame, mi amor, ya es de noche. Sólo espérame.

 

Estrofa 2

 

12 de noviembre, Beirut, Líbano, atentado en un barrio shií: 50 muertos, 250 heridos.

París acogió al trompetista Ibrahim Maalouf, cuando con 12 años emigró de su Beirut natal, huyendo con su familia de la guerra civil. Un año más tarde regresó a Líbano. Y descubrió una ciudad en ruinas, por la que paseó con Led Zeppelin atronando desde su walk-man. Una melodía comenzó a tejerse en su cabeza. Años más tarde, aquel llanto sonoro gritado desde su trompeta de cuatro pistones se plasmó en el tema ‘Beirut’, bonus track del disco Diagnostic (2011), que cierra la trilogía iniciada con Diasporas (2007) y Diachronism (2009).

Amin Maalouf, tío del trompetista, escribió en su libro Identidades asesinas (1999) las siguientes líneas. Aún hoy resuenan, lejanas, como una letanía:

O somos capaces de construir en ese siglo una civilización común con la que todos puedan identificarse, con la soldadura de los mismos valores universales, con la guía de una fe firmísima en la aventura humana y la riqueza de todas nuestras diversidades culturales, o naufragamos juntos en una barbarie común.

 

Estribillo

 

When the music’s over. Turn out the lights.

Cuando acabe la música. Apaga las luces.

 

Estrofa 3

 

2003 – 2011. Guerra en Irak. Más de 100.000 civiles muertos. 

Junio de 2014. Abu Bakr al-Bagdadi, líder del grupo terrorista Daesh, autoproclama el califato. 

 

Nuevamente el lamento de una trompeta, esta vez sobre el plano sonoro de las grabaciones de campo de Bagdad. Es lo que nos propone la artista iraquí Sundus Abdul Hadi en una de sus obras multimedia de la serie WARCHESTRAMediante la sustitución de armas por instrumentos musicales, la experiencia Warchestra pretende volver a imaginar, redefinir y reinventar la imagen que los medios dieron sobre guerra en Irak. Cada cuadro viene acompañado de un paisaje sonoro, realizado en colaboración con poetas y músicos en un diálogo interdisciplinar. “Trompetas triunfantes AK-47”, cohetes RPG7 en forma de clarinetes,  muros que explotan en forma de  cítara o pianos de cola que se estrellan desde el cielo como bombas, son sólo algunas de las transformaciones que Abdul Hadi imagina.

 

 

Estrofa 4

 

17 y 18 de noviembre, Yola y Kano, Nigeria, atentados cometidos por dos adolescentes suicidas: 34 y 15 personas muertas y cientos, heridas.

El Índice Global de Terrorismo 2015, del Instituto para la Economía y la Paz, estima que el grupo terrorista Boko Haram ha provocado 6.644 muertes.

 

Boko Haram too many people don die. Blood dey for your hand. You no fit comot am lai lai.

Boko Haram, ha muerto mucha gente. No te puedes limpiar la sangre de las manos.

 

La que acusa es la nigeriana Nekka; cantante, compositora, actriz y activista musical. La “chica reggae de Warri” es una voz fuerte del R&B actual, reconocida por sus canciones – denuncia a ritmo de afrobeat, de  cadencia reggae y alma soul. Su último disco My Fairy Tales hace referencia a “una expresión que usamos en Nigeria cuando sentimos cosas lejanas de la realidad”.

De forma tajante, Nekka cree que la música puede cambiar el mundo: “Sé que suena como afirmación exagerada, pero pensemos en cómo una canción puede influenciar a los jóvenes: si una estrella del pop dice algo sobre el mundo que nos rodea, su mensaje se escuchará más que el de cualquier líder político. Y los músicos nunca debemos olvidarnos de la realidad. Es importante ser conscientes de que lo que cantamos puede tener un efecto potente para cualquiera que lo escuche”1.


 

Puente (la música viaja sin pasaporte)

 

Siria. En guerra desde hace cuatro años y ocho meses. Al menos, 310.000 víctimas mortales. Más de cuatro millones de personas refugiadas fuera del país y ocho millones, desplazadas.

 

La banda de indie rock sirio Khebez Dawle huyó de su país en 2013, tras el asesinato de uno de sus compañeros por un tiro en el cuello. Se refugiaron durante un tiempo en Beirut, y como tantos otros compatriotas, emprendieron el largo viaje hacia Europa. Lo transformaron como pudieron en una improvisada gira musical. En Turquía, los músicos se subieron a una barca y se dirigieron a la isla griega de Lesbos. Cada uno pagó 1.200 euros para superar los diez kilómetros que les separaban de la costa europea. Entre sus pocas pertenencias, 50 CD que grabaron previamente en Líbano. Por si sonaba la flauta con alguna discográfica europea. Distribuyeron los CD entre los turistas, se compraron una guitarra en Atenas, hicieron trekking por los Balcanes hasta que, en Zagreb, dieron su primer concierto. Le siguieron otros dos en Viena. Hace un mes llegaron a Berlín. El batería del grupo sigue en paradero desconocido.

Khebez Dawle significa algo así como “el pan del Estado”. Llamados así como recordatorio de que un país necesita algo más que la mera subsistencia; un gobierno democrático, una sociedad que funcione, la libertad.

 

Estrofa 5

 

Afganistán, en guerra desde 2001. Alrededor de 150.000 muertos en Afganistán y Pakistán desde 2001 a 2014 (civiles y militares afganos). 162.000 personas heridas.

Enero – mayo de 2015. 974 asesinados y 1.963 heridos.

 

Agosto de 2013. Los versos del filósofo sufí Yalal ad-Din Muhammad Rumí (Afganistán, 1207 – 1273) resonaron por todo Kabul en un concierto único, el primero retransmitido en directo desde el país.

Sonaron en la versión musical de Safar Ensemble, un proyecto compuesto por cuatro maestros de la música tradicional afgana, sus alumnos y tres músicos de jazz llegados de Alemania. El nombre del grupo, Safar, significa viaje.

Estoy arrasado por una inundación que aún no ha sucedido. Estoy encerrado en una prisión que aún no existe. Sin jugar ajedrez ya estoy en jaque. Sin haber probado una sola copa de vino ya estoy ebrio. No he entrado al campo de batalla y ya estoy herido. Yo no conozco la diferencia entre la invención y la realidad. Como la sombra, soy y no soy.

“Nuestros instrumentos están destruidos, si empezamos, habrá que hacerlo de menos cero. Y para volver a empezar, necesitaremos reconstruirlos y reunir a los músicos. Si lo logramos, podremos mostrarnos ante el mundo”2. Así lo expresaba por última vez Aziz Ghaznawi, cantante y productor de la Radiotelevisión afgana. Ghaznawi vivió en primera persona la censura y los ataques desde los años 70. Nunca paró de denunciarlos. También fue testigo de la prohibición de la música – al igual que la fotografía o la televisión – por parte del régimen talibán.

Pese a todo, nunca dejaron de llegar tímidos sonidos de la reconstrucción musical afgana, como nos muestra el fantástico documental de Simon Broughton Breaking the Silence – Music in Afganistan. El signo definitivo – auguraba Ghaznawi como epílogo del filme – será el regreso de los músicos y compositores que aún hoy permanecen en el exilio.

 

Coda

 

La Marsellesa transforma, a veces, su estrofa:

 Aux armes, citoyens! por Aux rêves, citoyens! ¡A los sueños, ciudadanos!

¡A los sueños, ciudadanos! ¡Formad vuestros grupos! ¡Bailemos, bailemos! Y que un sonido impuro inunde nuestros oídos.

 

Ad libitum (a voluntad)

 

Suenan tambores de guerra.

Cuando la música acabe, apaga las luces.

Ya no quedará nada más.


 

(Da capo a coda)

 

 

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Andrea Aisa Vega

Andrea Aisa Vega

Co-fundadora
Educomunicadora y consultora de comunicación digital para el Tercer Sector. Investigadora independiente en cultura audiovisual digital. Diseño proyectos digitales relacionados con nuevas pedagogías de la visión en la Sociedad Red.
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