La democracia como ejercicio del buen gobierno es una idea antigua sobre cómo establecer las relaciones entre los que administran el destino de las comunidades humanas y las personas que las forman. A lo largo de la historia distintas formas de gobierno han concentrado o repartido el poder según las circunstancias del momento y el ascenso de ideologías y líderes que se proclamaban intérpretes de la voluntad popular, aunque esta no tuviera forma de expresarse.
Pero esta voluntad ha cambiado con el paso del tiempo, a la vez que ha reclamado su derecho a participar en las tareas de gobierno y elegir a sus representantes. También su exigencia a mantener la capacidad para la crítica y el control de lo que hacían los gobernantes e, incluso, la posibilidad de revocarles su confianza cuando su gestión del gobierno la había defraudado.