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  • Mandela durante un mítin del CNA
  • El presidente Jacob Zuma durante la conferencia "Nelson Mandela" en Limpopo. (Gallo)

Mandela en el paraíso

«No soy un mesías, sino un hombre como los demás” señaló Mandela en uno de sus discursos. Conocía su capacidad de seducción y la utilizaba en público para exponer mejor sus principios y mostrar su autoridad; si bien Mandela ganó cada vez más valor por su sencillez, optimismo, esfuerzo y tenacidad. Personas, instituciones y grupos diferentes y contrario glorifican su humanismo, diálogo y resolución pacífica de los conflictos, que se convierten en universales, aunque solo sea en el instante de su muerte. Sin embargo, todavía persisten apartheids mantenidos por muchas autoridades que asistirán a su entierro, a los que Mandela se habría opuesto.

Madiba ha sido primero un resistente, líder de uno de los movimientos de liberación más importantes de África, el Congreso Nacional Africano (CNA), en lucha – incluso violenta después de la masacre de Sharpeville en 1960 – contra el imperialismo colonial. Un activista desde la tribuna y la cárcel contra el segregacionismo racista de los dominadores blancos, en un país mayoritariamente negro, que imponían la dictadura política y económica, particularmente agresiva, y defendida por las potencias occidentales durante la guerra fría.

Pixley Ka Isaka, uno de los fundadores del CNA, en enero de 1912, proclamó que Sudáfrica era un solo pueblo: Mandela rebasó su procedencia clánica thembu y su etnia xhosa para alcanzar un nacionalismo sudafricano, que agrupara a negros, indios, mestizos y blancos de origen británico o afrikaner, en una democracia ciudadana igualitaria. Mandela opinaba que su apego a África y la voluntad de supervivencia unía a muchos de ellos.

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  • Fotografía cedida por la compañía petrolera noruega Statoil que muestra la planta de gas en In Amenas, Argel. (EPA)
  • Un soldado francés patrulla las calles en la ciudad de Gao © REUTERS/ Francois Rihouay

Malí y Argelia entre dos fuegos

Argelia no quiere implicarse militarmente en Malí porque defiende que los problemas africanos deben solucionarlos sus Estados. Decidió impulsar negociaciones políticas y no operaciones militares. Así ha sucedido con los tuaregs. Francia y Estados Unidos le acusaron de no asumir sus responsabilidades como potencia regional. Pero Argelia ha rechazado las ambiciones francesas de establecer nuevas bases militares, especialmente en el Sahel – su patio trasero –   y de controlar en exclusiva los recursos regionales.

Sin embargo, las presiones han sido más fuertes que el equilibrio de Buteflika. El presidente argelino  autorizó que la aviación gala surcase su espacio aéreo. No jugar en la partida le habría impedido ofrecer una solución política si la guerra se complica. Asimismo, porque en su proceso de reafirmación del Estado ante un futuro incierto prefiere no arriesgarse a que Francia y EE.UU. establezcan lazos con los opositores, que reclaman más reformas y libertades.

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  • Un soldado de la Unión Africana vigila un búnker con armas. ©Tobin Jones/AU-UN IST/AFP

Kenia: masacre en Nairobi

Este país del África Oriental es mucho más que las playas de Mombasa, los safaris en los parques nacionales de Aberdare y en los lagos Bogoria y Naivasha y las visitas a la granja de Karen Blixen en la ladera de las colinas de Ngong. A pesar de su desarrollo económico (4,5 % de crecimiento), padece la pobreza y la inestabilidad política. También se ubica en su territorio el campo de refugiados de Dadaab, en el que se hacinan en durísimas condiciones de vida alrededor de 500.000 de personas, huidas de Somalia, en cuya guerra Kenia está implicada directamente.

La matanza en un centro comercial de Nairobi no es una sorpresa.  A lo largo del año pasado se sucedieron al menos tres atentados importantes: contra un hotel de capital israelí, en Mombasa; varias iglesias cristianas en Garissa y una estación de autobuses, asimismo en Nairobi. Un total de 33 personas asesinadas. Por tanto, Kenia es un objetivo claro de los grupos extremistas del yihadismo violento, local e internacional, desde hace tiempo. Es imposible olvidar el estallido de un coche bomba en la embajada de EE.UU. , en agosto de 1998, -sincronizado con otro en Tanzania– que causó una carnicería de 213 muertos.

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  • Puerto viejo de Mogadiscio

Somalia vuelve a ser noticia

La liberación feliz de dos cooperantes españolas, que fueron secuestradas cerca de un campo de refugiados somalíes en Kenia, ni siquiera ha merecido que se dediquen algunas líneas para conocer la actualidad de este país del Cuerno de África. Tampoco nos acerca a estas tierras devastadas que fuerzas navales españolas intervengan en la operación militar Atalanta para vigilar posibles abordajes en las costas del Índico.

Sin embargo, Somalia se recupera, a la vez que continúan las hostilidades entre las milicias extremistas Al Shabab y el Gobierno, apoyado por el despliegue de 17.500 efectivos de la Unión Africana (AMISOM).

En Mogadiscio, expulsada la guerrilla yihadista en agosto de 2011, se edifican casas, escuelas, almacenes, hospitales, tiendas y oficinas sobre los escombros de una guerra que dura 22 años. Se programan conciertos en el National Theater, hasta hace poco depósito de armamento. Han regresado cerca de 200.000 personas que escaparon del país y otras financian con decenas de millones de dólares la reconstrucción. También vuelven algunas agencias internacionales y ONG que se habían marchado a causa de la violencia, aunque el vacío de la ayuda extranjera ha sido ocupado por asociaciones caritativas islámicas, cada vez más influyentes. Un gobierno elegido en las urnas sustituyó en septiembre de 2012 a los sucesivos ejecutivos de transición.

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  • Mercado de Bamako. Por 10b travelling (cc).

Regreso a Malí

Francia, potencia colonial

Con la intervención militar, a comienzos de 2013, el presidente François Hollande ha movido sus fichas como un gendarme regional antes de que cayera en el olvido la operación conjunta con soldados africanos. El delirio de los yihadistas le ha dado la justificación para luchar en África. Pero contrarrestar la violencia yihadista no debe ocultar que la presencia militar directa permite asegurar además los intereses franceses en la región: acceso más conveniente a contratos de explotación de los hidrocarburos y minerales (Touadenni, Tamesna, Iullemeden, Nara, Gao); ventajas en el comercio de materias primas y manejo de la política monetaria de los países de la zona del franco CFA. Nada original, sino la continuación de la arrogante supremacía de Francia en este área del continente. La denominación exacta es neocolonialismo y no tanto solidaridad.

 

Durante el mes de marzo, Francia ha alcanzado en Malí dos de sus objetivos más inmediatos: que el gobierno de Bamako recupere el norte del país  y contener el avance yihadista. No podía ser menos. Las fuerzas armadas galas son superiores en una guerra de movimientos y la población no apoyaba a los rebeldes.

 

No obstante, el conflicto continúa. Los militares franceses consolidan una defensa de zona para garantizar la estabilidad en las ciudades y puntos estratégicos. En tierra les acompañan soldados malienses – como preludio a la reconstrucción del ejército nacional, todavía frágil, enfrentado y con aspiraciones políticas –  y especialmente tropas especiales del vecino Chad, bien entrenadas por sus incursiones en Sudán y acostumbradas a luchar en escenarios áridos  similares a los de su país.

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  • Familiares de los mineros, por la Agencia EFE.

Sudáfrica: minas, sangre y política

Conmoción e indignación en Sudáfrica por el asesinato de 34 mineros el 16 de agosto en Marikana, a consecuencia de los disparos a quemarropa de las fuerzas de seguridad. La represión de la huelga de 3.000 obreros en una explotación de platino recuerda las peores épocas del “apartheid” del régimen blanco anterior, hace 18 años. Sudáfrica se encamina a su “segunda transición”, retirado Mandela en junio de 1999. Su legado se deshace en las manos de un presidente (desde mayo de 2009) tan populista y excesivo como Jacob Zuma.

 

La represión de la huelga de 3.000 obreros en una explotación de platino recuerda las peores épocas del “apartheid” del régimen blanco anterior, hace 18 años.

 

Pobreza, desigualdades y violencia, en uno de los países emergentes más destacados en el mundo y que ostenta la hegemonía en el continente africano, componen el escenario en el que pueden suceder desmanes tan sangrientos como esta masacre. Otros 10 mineros y dos policías murieron en la semana de paros e incidentes en esta región minera a 100 kilómetros al nordeste de la capital Johannesburgo.

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  • Mezquita de Tombuctú

¿Intervenir en el Sahel?

Sahel significa costa y nombra al espacio geográfico, del Atlántico al Mar Rojo, que comunica el sur del Magreb con el África subsahariana. En gran parte desierto y población esencialmente nómada, fue ruta comercial del norte al sur y de las caravanas de los reinos africanos hacia el Mediterráneo. Ahora se ha convertido en un polvorín, devastado además por la sequía.

 

Por el Sahel circulan el 40% del tráfico de drogas del mundo; miles de inmigrantes, muchos prácticamente esclavos; y decenas de grupos extremistas dedicados al contrabando, el secuestro y el terrorismo.

 

La acción de estas milicias – con denominaciones referidas a la fe, islam, yihad… como forma de propaganda y principios retóricos – se extiende por Malí; sur de Argelia; norte de Níger y Nigeria; Mauritania y hasta Somalia. Su intención es ganar la disputa en el seno del islam sobre la interpretación del mensaje profético, los textos sagrados, la ley islámica y su aplicación en la vida diaria. Los yihadistas predican una soberanía divina omnipresente y totalizadora, a partir de la unicidad de Dios en su pureza más absoluta, que exige obediencia y sometimiento. Para ellos no caben las expresiones del islam popular magrebí, tejido de cofradías y morabitos de la mística sufí, del culto a los santos y del apego a las costumbres locales, sincréticas con la religión musulmana.

 

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  • Campo de refugiados de Yirol (Sudán del Sur) CC Medici con l'Africa Cuamm

Sudán del Sur: independencia, fronteras, petróleo y más guerra

La tregua ha saltado en pedazos con ataques aéreos contra Bentiu, interior de Sudán del Sur. Se suman a los recientes choques en Heglig, límite de Abyei, frontera entre los dos Sudán. La disputa es por la posesión de la mitad de los cerca de 470.000 barriles diarios que produce Sudán del Sur, un nuevo Estado independiente desde julio de 2011, desgajado del resto de Sudán. Cinco intentos de negociación, amparados por la Unión Africana, han fracasado por los intereses contrapuestos de sus líderes respectivos: en el norte, el musulmán Omar al Bashir, imputado por el Tribunal Penal Internacional por los crímenes en Darfur. Al sur, Salva Kiir, cristiano, partidario acérrimo de la división de Sudán y nuevo dirigente autoritario, ganador absoluto de unas elecciones sin oposición. La población civil pone las víctimas: 2.000 muertos y decenas de miles de personas desplazadas.

 

El reparto de los ingresos derivados del petróleo y de los cargos en la administración del gobierno central alimentaron un enfrentamiento permanente

 

Dos durísimas guerras civiles (1955-1972 y 1983-2005) gestaron la ruptura de un país diverso con 600 grupos étnicos y religiones enfrentadas: el islam, mayoría en el norte; animistas y cristianos, hegemónicos en el sur. El reparto de los ingresos derivados del petróleo y de los cargos en la administración del gobierno central alimentaron un enfrentamiento permanente. La búsqueda de una identidad nacional múltiple e integradora, frente al conflicto entre ser árabe y la africanidad acabó rota por la obsesión de los gobiernos centralizadores de Jartum de reislamizar a la fuerza todo el país. También ha promovido la secesión y el personalismo de algunos políticos que preferían ser jefes de un nuevo Estado en Juba (Sudán del Sur) que vicepresidentes de un Sudán común. Para no perder su influencia regional E.E.U.U. y hasta Israel han intervenido en la crisis, porque un Sudán segregado debilita el conjunto árabe, en una geografía retaguardia de Egipto y amplia ventana al Mar Rojo. Read more »

  • Militares golpistas de Mali hablan a la cámara de televisión

Malí, malestar de África

Los soldados golpistas de Malí no tenían futuro tras la condena y el embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), apoyada por Francia, antigua potencia colonial. Uno de los objetivos de la junta del capitán Sanogo era contrarrestar la insurrección armada de los tuaregs. Pero las milicias del Movimiento Nacional del Azawad (MNLA) y del grupo yihadista Insar Dine, además de Al Qaeda del Magreb (AQMI), han aprovechado el caos en la capital Bamako para lanzar una rápida ofensiva y llegar hasta Tombuctú, la ciudad de los 333 santos del islam, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado.

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  • Campo de refugiados en Saab. “Left over from the war” por Carl Montgomery

La frontera de Somalia

 

En el sur de este país del cuerno de África, la población más débil de las provincias de Bakool y Baja Shabelle, en la frontera con Kenia, se muere de hambre. Personas ancianas y de toda edad, hombres y mujeres, y sobre todo niños y niñas se desplazan forzosamente al campo de Dabaab (Kenia) para recibir auxilio internacional, todavía muy escaso. Las cooperantes españolas han sido secuestradas a medio camino. La vida diaria de las gentes de esta geografía ha quedado arrasada por la sequía. Pero, el desastre tiene otras causas: el gobierno de Nairobi apenas ha invertido en el desarrollo de la agricultura, ganadería, educación e infraestructuras básicas de sus comunidades más desfavorecidas. Los precios de las semillas para obtener alimentos y de otros productos básicos se encarecen cada vez más. En los años 80 Somalia garantizaba el 85% de sus necesidades de cereales. En 2010 hubo una gran cosecha en la región de Baja Shabelle, muy fértil. Ahora ha llegado la sequía en medio de la guerra civil, que desde los años 90 ha hundido en el caos a las diferentes administraciones somalíes. Las autoridades corruptas de todas las facciones cobran impuestos a las ONG que reparten alimentos. Muchas veces la dependencia excesiva de esta ayuda acarrea pasividad, en vez de estimular la producción autóctona.

En el conflicto bélico de Somalia no se enfrentan tanto los clanes, entremezclados en cada uno de los contendientes, sino las comunidades rurales – llegadas a las ciudades para sobrevivir y que acaban marginadas – con las urbanas, ligadas a los poderes burocráticos.

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