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  • Noria apostada en el lago. De fondo los picos nevados. Kabul. cc IsafMedia
  • Mercado en el barrio viejo de Kabul cc IsafMedia
  • Niños jugando en el medio de un gran cementerio en Kabul ‪ ‬cc IsafMedia
  • Abdul Rasul Sayyaf. REUTERS/Ahmad Masood

Yihad en Afganistán

Los talibanes todavía existen. Acaban de asesinar a 21 personas en una zona de la capital de Afganistán, Kabul, dotada de grandes medidas de seguridad. Ganan terreno cada día que pasa. Siempre han estado instalados en las zonas rurales. Sus partidarios, encuadrados en guerrillas, disputan el territorio a las tropas afganas e internacionales; rodean los cuarteles y actúan a sus anchas sobre todo en el sur y en algunos lugares del centro y del noroeste. Es imposible distinguir a un talibán en las ciudades, excepto cuando en comandos pequeños y suicidas, de forma insistente, atacan objetivos muy precisos. En ninguno de estos escenarios se encuentran aislados, porque forman parte de la población y salen de ella.

A pesar de diversas negociaciones que se han producido para acabar con el conflicto bélico, sin ningún éxito por ahora, los talibanes continúan su yihad agresivo y violento – en su opinión, obligación individual y comunitaria – en una guerra contra los ocupantes de un país islámico y sus aliados gubernamentales.

Al mismo tiempo, su ambición es recuperar el poder, después de que, en el otoño de 2001, fueran derrocados por otros grupos étnicos (tayikos, uzbekos…); diferentes clanes de su propia etnia pashtu y otras tendencias religiosas de la mayoría tradicional suní y, desde luego, de su enemigo histórico, los chiíes.

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  • Barack Obama durante la rueda de prensa

Obama y Oriente Medio

En las últimas semanas, dos decisiones de Estados Unidos han definido su política exterior en el Oriente que va desde el Mediterráneo a la cordillera del Hindu Kush. La primera ha sido impulsar las negociaciones con Rusia y, en consecuencia, con el régimen de Bachar Al Assad para eliminar el arsenal químico del dictador sirio y buscar una salida negociada a la guerra. Al mismo tiempo, la segunda ha significado entablar conversaciones con el nuevo gobierno iraní. El objetivo es llegar a un acuerdo sobre el desarrollo de la energía nuclear en Irán para fines económicos y nunca militares.

En Siria, la opción estadounidense pretende impedir el derrocamiento violento de Al Assad y que se produzca un caótico vacío político, cuyo desenlace podría ser que los grupos yihadíes ganaran posiciones en Damasco.

 

  • Tira cómica sobre las escuchas de EE.UU
  • Ciudadanos alemanes protestas en Berlín por el espionaje de EE.UU. ©AFP
  • Infográfico de El País sobre la actividad de la NSA

Estados Unidos: espionaje global

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos no niegan haber controlado millones de datos telefónicos e informáticos. Estas investigaciones son habituales. La alarma actual se debe a que su extensión es enorme; a los sofisticados medios empleados y, especialmente, a que afecta a países aliados y a sus dirigentes. Precisan que es una obligación de la seguridad nacional.

El espionaje ha provocado sorpresa e inquietud entre los gobiernos europeos, que nunca se han quejado cuando las víctimas son países africanos, asiáticos o latinoamericanos. Sin embargo, todos los aliados se vigilan mutuamente. Alemania y Estados Unidos saben que Francia es un peligroso agente cuando se dedica a obtener informaciones  comerciales, industriales y tecnológicas, con el propósito de conseguir ventajas para sus empresas.

El espionaje ha evitado atentados y su prevención es necesaria. Pero no seamos ingenuos. Resulta  increíble pensar que pinchar los teléfonos de Angela Merkel, ministros e instituciones de los estados amigos de EEUU es porque son enemigos. La violación de la privacidad de cualquier persona – desde luego cuando se hace sin cobertura jurídica – se realiza por motivos mucho más interesados. De hecho, la acumulación de la máxima información posible sobre los acontecimientos internacionales, sus causas, protagonistas y consecuencias mantiene y reafirma hegemonías. A pesar de cierto estancamiento y de diversos competidores, Estados Unidos ejerce como la gran potencia mundial y aplica los mejores y más amplios recursos para vigilarnos. Colaboran decenas de empresas y diversos departamentos de seguridad, entre ellos los de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, que al parecer pactaron su exclusión del sistema de escuchas. En la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) se les denomina “second party”, aliados de segundo nivel, y no son blancos imprescindibles. La seguridad estadounidense se ha saltado todos las limitaciones legales: en el caso de Alemania, ha violado el artículo 10º de su Constitución, que asegura la confidencialidad en los correos y telecomunicaciones. Además, la NSA ha quebrado el principio de que un servicio de inteligencia exterior no puede espiar a sus nacionales.

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  • John Kerry con Sergey Lavrov ©REUTERS/Mahmoud Hassano

La guerra en Siria

Las maniobras diplomáticas pueden impedir los ataques de EE.UU. y sus aliados contra objetivos del régimen de Damasco. Es positivo evitar más víctimas y destrucción, aunque las incógnitas y ambiciones sean numerosas.

La iniciativa rusa de que instituciones internacionales controlen el abundante arsenal químico en posesión de la dictadura de Bachir El Asad devuelve a la administración de Putin el estatuto de gran potencia mundial. Con la supervivencia del actual poder sirio, Rusia garantiza los negocios de armamento (600 millones de dólares sólo en 2011); su base mediterránea en Tartus y la capacidad de influencia en Oriente Medio, en abierta disputa histórica con Estados Unidos.

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  • "Visita Palestina". Cartel turístico promocional. cc Boston Public Library (1930-1939 aprox.)
  • Un mural simbólico realizado por los grafiteros Erica Il Cane (Italia) y Sam 3 (España), en un edificio en Belén (Cisjordania). cc Jonas Hansel
  • La secretaria de Estado Hillary Clinton, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (izquierda) y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas (R) EE.UU. llegan a reiniciar las negociaciones entre Israel y Palestina en Washington. ©Jewel Samad/AFP
  • Un cartel representa el presidente de EE.UU., Barack Obama, en la ciudad cisjordana de Belén, 16 de marzo de 2013. El texto dice: "No tenemos 3G en Palestina '. ©AFP
  • Cartel alusorio al propagandítico "Yes we can" de Obama, con la imagen de una mujer palestina que dice "Esperanza"

Palestina: bloqueo a la paz

Han pasado casi dos años desde que el presidente Obama señaló que Palestina tendría un Estado independiente. A lo largo del tiempo se han sucedido decenas de reuniones y ninguna realidad de paz. Ahora, el secretario de Estado John Kerry propone un nuevo encuentro. En Palestina desconfían de que las palabras del padrino estadounidense causen un efecto negociador auténtico en el gobierno israelí. La elección de Martin Indyk como mediador no es precisamente una señal de que EE.UU. vaya a presionar a Israel para que flexibilice su intransigencia. Indyk fundó el Institute for Near East Policy, una de las instituciones que  más defienden a Israel en Washington. Pero, en este momento, a EE.UU. le puede convenir algún tipo de pacto para evitar que más jóvenes se sumen al yihadismo con la causa palestina como banderín de enganche y, en consecuencia, se incremente la tensión regional.

 

La afinidad  de EE.UU. e Israel es un principio sustancial para ambos países. Apoyar y mantener la hegemonía de Israel implica la permanencia de la supervisión que realiza Estados Unidos sobre la región desde finales de la 2ª Guerra Mundial.

 

Encrucijada de tres continentes y de rutas comerciales, todos los presidentes de EE.UU. han exigido disponer de un acceso más fácil y barato a los recursos petrolíferos y de un importante mercado civil y militar, sin grandes competidores. Una de las claves para conseguir este objetivo, ha sido consolidar el denominado “consenso estratégico”: una alianza que englobe a un Israel poderoso y a regímenes árabes más débiles, fragmentados y dependientes. En la actualidad, esta circunstancia significa que las aspiraciones de cambio social y político de las poblaciones de estos países – sean partidarias de estados laicos o con influencia religiosa –  queden sujetas a dirigentes políticos y militares que no planteen dificultades a la política exterior norteamericana en esta zona del mundo.

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  • Retrato de Kim Jong Un
  • Cartel representativo del Songun de Corea del Norte
  • Un ciudadano chino quema un panfleto de Corea del Norte. ©AFP/GETTY IMAGES/ JUNG YEON-JE
  • Una reunión nacional en el Palacio de Deportes de Pyongyang el 24 de agosto se celebra el 50 aniversario del inicio de la dirección revolucionaria del Songun del Dirigente Kim Jong Il. Fotografía publicada por la Agencia de Noticias Central de Corea del Norte.

Escalada peligrosa en Corea

Cada día  Corea del Norte incrementa la tensión regional: declaración del “estado de guerra”; misiles que apuntan a objetivos surcoreanos y estadounidenses; y aviso a las embajadas extranjeras de que no se garantiza su seguridad, entre otras medidas. Asimismo, ha decretado el cierre del acceso de los obreros surcoreanos a la zona industrial conjunta de Kaesong,  en la que 50.000 norcoreanos trabajan al lado de otros 1.000 procedentes de Sur. Allí 123 empresas surcoreanas se aprovechan de una mano de obra barata y menores costes de transporte. El bloqueo obstaculiza las relaciones económicas entre los dos países, pero la exigua economía del Norte no puede permitirse tales riesgos, sin obtener ventajas mayores.

Estas advertencias son una provocación progresiva, intensa y global. Seguramente, Corea del Norte no piensa iniciar un ataque masivo, porque significaría su derrota y la eliminación de su régimen, dado que en fuerzas militares y su potencia de fuego la relación es desfavorable para la dictadura de Pyongyang. Sin embargo, es difícil que esta retórica no acarree algún tipo de acción bélica limitada. Un paso atrás, sin haber conseguido nada a cambio, equivaldría a una considerable pérdida de credibilidad de unos dirigentes caracterizados por sus bravatas, pero también muy calculadores. Ya en 2010, Corea del Norte hundió una corbeta en Cheonan, con un saldo de 46 muertos, y cuatro personas más murieron en el bombardeo de la isla de Yeonpyeong.

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  • Kabul, Afganistán. cc IsafMedia
  • Un afgano muestra una copia del Santo Corán que supuestamente fue quemada por soldados estadounidenses durante una protesta en Bagram
  • Dieciséis ex insurgentes se unieron al Programa de Paz y Reintegración de Afganistán en la provincia de Ghor. La ceremonia se llevó a cabo la reintegración en el complejo del gobernador provincial. cc IsafMedia

Afganistán: muertos y retirada

Habíamos olvidado que en Afganistán existe una guerra. A la vez que el nuevo secretario de Defensa de EE.UU., Chuck Hagel,  llegaba a KabuI, los talibán han demostrado que pueden continuar con sus ataques móviles en carreteras y campos y con atentados, alejados unos de otros. Esta vez 18 muertos, entre ellos ocho niños, en Kabul y Khost, a 150 kilómetros. Advierten al presidente Karzai y a los mandos estadounidenses que es imprescindible contar con ellos: o toman el poder directamente o se negocia con sus jefes.

La alianza de las milicias del clan radical de Haqqani, los talibanes y los escasos grupos operativos de Al Qaeda renuevan su ofensiva violenta con ataques simultáneos en Kabul y otras ciudades. Han avanzado sus posiciones del sur al centro y el norte del país. Lugares de los que nunca se habían marchado, porque siempre han formado parte de la base social y de la vida cotidiana del paisaje pastún, etnia mayoritaria del país. Los talibanes habían roto las negociaciones que mantenían con Estados Unidos, gracias a los buenos oficios de Arabia Saudí y de Catar, las dos potencias árabes que ya se superponen en la hegemonía del mundo musulmán. No necesitan el diálogo y tienen nuevas bazas para consolidar su dominio.

La quema de coranes, la masacre cometida por un sargento desequilibrado y otros actos de arrogancia y desprecio protagonizados por soldados estadounidenses han enfurecido a la mayoría de la población, profundamente religiosa.

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