El Estado Islámico y Boko Haram en Nigeria
Atentado en Chibok ©Xinhua

Las fuerzas de la mayoría de organizaciones yihadíes, desde el Sahel a Pakistán, han recuperado su vitalidad insurreccional con la emergencia, real y mediática, del Estado Islámico en Oriente Próximo. No cabe duda que la intensa actividad de los seguidores de Al Bagdadi; su capacidad de mantener a raya a las fuerzas kurdas e iraquíes, a pesar de los bombardeos de Estados Unidos; sus finanzas saneadas y sus llamamientos religiosos, primarios e intransigentes en alusión a la supremacía de Alá, estimulan a todos los grupos extremistas y violentos que se reclaman intérpretes verdaderos del Islam.

El grupo Hezb i-Islami de Afganistán y el AQMI del Magreb apoyan y se han sumado al ilusorio califato de Al Bagdadi. Con Al Qaeda en horas bajas, porque muchos de sus dirigentes han sido eliminados y otros continúan cercados en el norte de Pakistán, el Estado Islámico se propone como banderín de enganche para los radicales: una tierra; un lema religioso rotundo e intolerante; un yihad entendido como lucha violenta y, sobre todo, más presencia y fortaleza para encabezar el liderazgo islámico.

Ahora, la oleada llega al África subsahariana. El emir de Boko Haram, Abubakar Shekau, ha proclamado el Estado Islámico – que no un califato, no se atreve a tanto – el 24 de agosto en la región de la ciudad de Gwoza, desde Borno a una parte de Yobe. Allí viven unas 50.000 personas. Ya ha emitido varios edictos religiosos contra todos los que cooperan con el Estado federal, a los que considera renegados que colaboran con infieles.

 

No obstante, Shekau, nada y guarda la ropa. En julio expresó su apoyo al EI de Al Bagdadi, pero no le ha jurado fidelidad. A la vez, ha felicitado a Al Qaeda y los talibanes.

 

Es una ambigüedad calculada  para demostrar que son independientes del resto de las corrientes yihadíes, aunque esperan complementarse con ellas. Además, su razón de existencia se debe a problemas locales como el empobrecimiento y la represión militar. 

A pesar del estado de sitio establecido por el Gobierno nigeriano y la dureza de su ejército, Boko Haram ha lanzado operaciones en los Estados de Borno, Yobe y Adamawa, con atentados importantes como el asesinato de emir de Borno, Alhaji Idrissa Timpta, el secuestro de su sucesor y un tercer ataque a una comisaría en Gowza. Igualmente, el afán de proselitismo y su intención desestabilizadora regional han provocado desde hace tiempo incursiones en Camerún en respuesta a la coalición militar de varios países para contrarrestar la presión terrorista.

 

El recrudecimiento, extensión e intensidad de la violencia de Boko Haram ha superado a las fuerzas armadas regulares.

 

Los militares se quejan de no disponer de medios suficientes para el contraataque, pero no revelan que buena parte del armamento de los extremistas procede del contrabando con los soldados gubernamentales. Algunos analistas subrayan que el presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, deja que la situación se pudra como una argucia para revalidar su mandato presidencial y ganar más escaños en el Parlamento, en los comicios previstos en febrero de 2015. Jonathan se postularía como el único político capaz de vencer a Boko Haram. Sin embargo, nada ha logrado hasta la fecha: 10.000 muertos en todo el país y cientos de secuestros, ente ellos el de las 200 estudiantes, retenidas todavía a pesar de algunos intentos de negociación. Boko Haram amenaza a las tribus de la región, que podrían auxiliar a los soldados federales y segarle la hierba debajo de los pies en un territorio en el que se encuentra cómodo, pero donde es hostigado constantemente. No quiere perder bazas políticas, recaudación de impuestos e imposiciones legales. Con una estructura organizativa descentralizada, los yihadíes de Nigeria necesitan además obtener y fijar una continuidad territorial como espacio vital de asentamiento.

 

Mapa sobre el conflicto en Nigeria

Mapa sobre el conflicto en Nigeria

 

En este sentido, Boko Haram, también como las fuerzas de Al Bagdadi, combina su actividad guerrillera con la ocupación física  y oficial del terreno, con milicianos e infraestructuras y materiales bélicos. Algunos pueblos del nordeste de Nigeria han caído en las últimas semanas y el gobierno teme un ataque contra Maiduguri, la ciudad más importante de esa región, con dos millones de habitantes. Los yihadíes están a solo 50 kilómetros y quieren conseguir una capital para su Estado Islámico.

 

Las diferencias con el Estado Islámico de Siria e Irak se relacionan con disputas interclánicas y matices religiosos de carácter animista propios de esa zona de África.

 

Pero, Boko Haram ha tomado buena nota del estilo propagandístico de las milicias que encabeza Al Bagdadi. Por ejemplo, la grabación de algunos de sus asesinatos con disparos por la espalda. Los terroristas creen que esta propaganda puede ser efectiva porque reafirma su decisión de matar, una dureza inquebrantable en sus principios, incluso a costa de masacres, acompañadas de una obsesión por ampliar la geografía en la que mandan y que nuevas poblaciones se sumen a sus filas o, al menos, no les delaten a las autoridades militares.

 

Imagen: restos del atentado de Boko Haram en Chibok. ©Xinhua

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Javier Aisa
Co-fundador de Espacio REDO. Periodista especializado en actualidad y conflictos internacionales y docente en asociaciones, Centros Culturales y aulas de extensión cultural en las Universidades de Navarra, País Vasco, Burgos y Valladolid. Áreas de análisis preferentes: el mundo araboislámico y África subsahariana.
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